¿Qué es la sífilis?

La sífilis, o lues, es una enfermedad de transmisión sexual (ETS) causada por la bacteria Treponema pallidum. Es una infección crónica con manifestaciones cutáneas temporales, de distribución universal. Después del SIDA, es la ETS más preocupante, ya que, si no se trata en sus primeras fases, progresa con manifestaciones que comprometen todo el organismo, especialmente los ojos, la piel, los huesos, el corazón, el cerebro y el sistema nervioso.

La enfermedad se divide en tres etapas: primaria, secundaria y terciaria. Las dos primeras etapas presentan las características más llamativas de la infección, cuando se observan los principales síntomas y también cuando hay más posibilidades de transmisión.

Entonces, la sífilis desaparece aparentemente durante un largo período, permaneciendo en un estado de latencia, todavía potencialmente transmisible, pero sin síntomas, aunque con posibilidades de recaídas al estadio secundario, o, entonces, entra en su fase terciaria, precisamente cuando los órganos diana, tomados por la bacteria, comienzan a inflamarse lenta y progresivamente, dando lugar a un cuadro grave que, al menos, deja secuelas irreversibles.

Causas y síntomas de la sífilis

En la primera fase de la infección, llamada primaria, la sífilis se manifiesta inicialmente como una pequeña herida en los órganos sexuales, con bordes duros y profundos, llamada cancro duro. En las mujeres, esta herida puede no ser tan aparente, permaneciendo oculta dentro de la vagina o el cuello uterino, lo que retrasa el diagnóstico. Esta úlcera va acompañada de cálculos (bultos) en la ingle, que aparecen entre la 2ª o 3ª semana después de mantener relaciones sexuales sin protección con una persona infectada.

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La llaga y la hinchazón no duelen, no pican, no arden y no tienen pus. Al cabo de cierto tiempo, incluso sin ningún tratamiento, la herida desaparece sin dejar cicatriz, dando a la persona la falsa impresión de estar curada. Si la enfermedad no se trata, sigue progresando hasta la fase secundaria. En esta segunda fase, la bacteria se extiende por el organismo, aparecen manchas rojizas en la piel de todo el cuerpo, incluidas las palmas de las manos y las plantas de los pies, acompañadas de los signos comunes de las infecciones, como malestar, fiebre, dolor de cabeza, dolor de garganta, pérdida de apetito e hinchazón.

Esta fase también acaba desapareciendo por sí sola, dando de nuevo una falsa sensación de curación al individuo infectado. A partir de esta fase, la enfermedad puede pasar por un largo periodo silencioso sin síntomas y finalmente evolucionar a la fase terciaria. La fase terciaria progresa con manifestaciones graves en los órganos afectados. En el cerebro, la enfermedad puede causar meningitis y parálisis nerviosa, incluida la parálisis del nervio visual, con riesgo de ceguera, y obstrucción de los vasos, con probabilidad de accidente cerebrovascular isquémico o hemorrágico. En la médula espinal, provoca la pérdida de reflejos y sensibilidad de las extremidades, hasta el punto de causar la pérdida de la capacidad de movimiento.

En el sistema cardiovascular, afecta al funcionamiento del corazón al interferir en el trabajo de las válvulas cardíacas, que tienen la misión de controlar la llegada de sangre venosa y la salida de sangre oxigenada, y puede dañar grandes arterias del cuerpo, como la aorta, provocando su dilatación, un hecho conocido como aneurisma. Si se presenta en mujeres embarazadas, la sífilis puede provocar un aborto o una malformación del feto, denominada sífilis congénita.

En la mayoría de estos casos, los síntomas aparecen en los primeros meses tras el nacimiento, con neumonía, heridas en el cuerpo, ceguera, problemas óseos, sordera y deterioro neurológico. Como ya se ha mencionado, la causa de la enfermedad es la bacteria Treponema pallidum, que se transmite a través de las relaciones sexuales, el embarazo, de madre a feto y las transfusiones de sangre. Evidentemente, la principal vía de transmisión son las relaciones sexuales. El periodo de incubación, es decir, el tiempo que tarda la sífilis en manifestarse tras el contagio, dura una media de 21 días, y puede variar entre 3 y 90 días.

Exámenes y diagnósticos de la sífilis

La lesión genital en la fase inicial de la infección es altamente sugestiva de la enfermedad, pero el diagnóstico depende de la confirmación. En esta fase se puede hacer la investigación de la bacteria en material recogido directamente del cáncer y también un análisis de sangre para investigar los anticuerpos antitreponémicos, realizado por más de un tipo de técnica para evitar resultados falsos positivos.

En la segunda fase, al producirse la manifestación de síntomas genéricos, que suelen aparecer también en otras enfermedades infecto-contagiosas, el médico puede necesitar descartar otras hipótesis, además de investigar la presencia de la sífilis. En esta fase, como la úlcera genital ya no está presente, el diagnóstico se limita a los análisis serológicos (de sangre).

En la fase terciaria, la serología debe ir acompañada del análisis del líquido que circula entre las membranas que rodean el cerebro (el líquido cefalorraquídeo) para averiguar si la bacteria está atacando el sistema nervioso central, así como de otras pruebas diagnósticas para evaluar la afectación del corazón y los vasos sanguíneos. En el recién nacido, el diagnóstico requiere un análisis de sangre y de LCR, así como radiografías de los huesos largos para comprobar la afectación ósea.

Tratamientos y prevenciones de la sífilis

A pesar de su gravedad, la sífilis es una enfermedad de tratamiento fácil y eficaz, en la que uno de los antibióticos más antiguos y baratos que existen (la penicilina) se utiliza en todos los casos, incluso en la infección congénita. Este antimicrobiano elimina el treponema, pero no puede revertir el daño de la infección en los órganos diana de la enfermedad cuando ésta ya se ha producido.

Una lesión en la médula espinal o en el sistema nervioso central puede provocar discapacidades permanentes que, como mucho, se atenúan con trabajos de rehabilitación. Un defecto de la válvula cardíaca e incluso un aneurisma aórtico se tratan específicamente con procedimientos quirúrgicos, incluso en bebés. La mejor manera de mantenerse alejado de la sífilis es practicar el sexo seguro, utilizando preservativos en todas las relaciones sexuales.

La infección congénita puede prevenirse con una buena atención prenatal, en la que el obstetra debe investigar si la embarazada está infectada por el treponema. Si es positivo, la mujer debe ser tratada con penicilina durante el periodo recomendado por el médico. La sífilis congénita es una de las enfermedades más fáciles de evitar cuando se sabe que la madre es portadora de la infección.

Sin embargo, sin tratamiento, tiene entre un 70% y un 100% de posibilidades de pasar al bebé, con un 40% de riesgo de mortalidad infantil en los primeros días tras el nacimiento. Además de estas medidas, es importante que los hombres y las mujeres con llagas genitales busquen atención médica inmediata para aclarar el origen de las lesiones.